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Shakuntali Siberia: “Mi misión es ayudar a las mujeres a proteger la Tierra”

Aspectos desconocidos de la biografía de la chamana siberiana

Un don singular significó para Shakuntali Siberia  enfrentarse a un drama familiar y la reclusión en una clínica psiquiátrica. Pero un encuentro con el Maestro, el Chamán Blanco, cambió su vida y le ayudó a descubrir su misión: ayudar a todos los necesitados en todos los continentes.

Un escarabajo en el vientre

Desde la infancia fui consciente de que era diferente a los otros niños. Los primeros vivos recuerdos hasta la fecha siguen despertando en mí gratas emociones: los animales con los que me gustaba jugar y hablar. La gente luminosa como lamparillas y que más tarde comprendí que era porque yo percibía sus auras.

Cada día se abría ante mí un mundo maravilloso que sólo yo era capaz de notar. Cuando intentaba hablar con los demás sobre mi don me encontraba con las risas de los niños y la opinión de los adultos de que todo era un fruto divertido de mi muy rica fantasía. Sin embargo, cuanto más mayor me hacía, mi don me provocaba mayores problemas.

Cierta vez llegó de visita una amiga de mi madre. Yo aun era pequeña y comentaba sin tapujos todo lo que veía. Sentada junto a esta mujer vi sobre su vientre un inmenso escarabajo que comía algo. Yo asustada se lo dije de inmediato a mi madre. Ella se disgustó, me gritó, me ordenó que abandonara la habitación y que no la molestara más con tonterías.

Más tarde resultó que la conocida de mi madre estaba enferma de cáncer a los riñones y que ignoraba totalmente. Si me hubiese prestado atención entonces y se hubiese hecho una revisión médica se podría haber librado de la operación y la torturante quimioterapia.

Mucho más tarde supe de boca de mi preceptor que yo había visto a un espíritu maligno; un ser que corroe los cuerpos sutiles y el organismo humano por dentro.

Hada del bosque

Cada año las empeoraban relaciones con mis padres. Yo no era capaz de calla y ocultar lo que veía. Nuestro mundo no está formado sólo por personas y animales, sino también por espíritus bondadosos y malignos, por seres y larvae.

Yo deseaba que mis padres me entendieran; eran las personas más cercanas y queridas. Por desgracia ellos se asustaban de mis palabras, se avergonzaban. Así es, vergüenza y no amor era el sentimiento que mi madre y mi padre sentían con respecto a mi…

Pero no sólo fue esto lo que me frustraba inmensamente. Mis padres eran llamados con frecuencia al colegio donde les intentaban explicar que yo necesitaba la atención de especialistas; que tenían que curarme… En fin, me encontraba en permanente vigilancia de algún adulto. A mis espaldas continuamente murmullaban, tanto en casa como en la escuela…

Pronto comprendí que la gente me temía. Me consideraban una perturbada

Por eso no sorprende que mi salvación fuera el bosque. A la mínima oportunidad me escapaba a lo más profundo del bosque a disfrutar de los sonidos de la naturaleza y a comunicarme con los animales.

Hubo veces en que pase la noche en el bosque. Mi mejor amigo fue un zorro que me abastecía de frutos. En días fríos me calentaba con su cuerpo y me protegía. Cuando el estaba cerca, yo me sentía completamente segura.

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La catástrofe que conseguí evitar

A pesar de las relaciones tensas con mis padres, yo los quería y no me gustaba angustiarlos. Sin embargo, cuando cumplí los 12 años sucedió algo que cambió mi vida.

Mi padre se preparaba para una reunión importante, estaba nervioso. Llevaba retraso y en el ajetreo preparaba unos papeles. Yo le observaba en silencio cuando sentí que mi vista se enturbiaba… En ese momento vi una escena horrible: mi padre estaba cruzando la calle y era atropellado por un vehículo que iba a gran velocidad… Este coche es alcanzando por otros provocando una gran tragedia.

Entre las víctimas está mi padre, ensangrentado está tirado en el pavimento y no se mueve… Está muerto…

Empecé a temblar. Me embargó el pánico. Miedo. ¿Qué hacer? ¿Cómo le digo a mi padre que se quede en casa y postergue su encuentro para otro día? ¿Me hará caso?

Lógicamente, él no me quiso hacer caso. Se disgustó porque le estaba distrayendo y le agobiaba con otra de mis tonterías. Era tal su ira que no se preocupaba de las palabras que decía y llegó a llamarme loca… Yo intentaba detenerle, le abrazaba, le retenía. Pero él en lugar de intentar escucharme y calmarme, me empujó con fuerza hacia un rincón.

Desde entonces, cada vez que recuerdo esta escena se me oprime el corazón… Yo lloraba, le imploraba quedarse en casa, sin conseguir nada. ¿Qué me quedaba por hacer? Tomé una decisión extrema. Le dije a mi padre que, ya que no me quería, me iría de casa y nunca más me vería. No sé lo que él sintió en ese momento al ver una niña en un ataque de histeria y llorando desconsoladamente. Lo más seguro es que se haya asustado de que cumpliera con mi amenaza.

¡Entonces, mi padre (ex policía) tomó unas esposas y me llevó al sótano (vivíamos en una casa particular)! Me esposó a las tuberías y me dijo que hablaríamos en cuanto el terminase con sus asuntos.

Por muy terrible que suene esta historia, fue la manera en que le salve la vida. Mientras el intentaba deshacerse de mis abrazos y me llevaba al sótano, el destino le esquivó. Luego, mi padre nos contó el accidente múltiple del que fue testigo de camino a su reunión. Había ambulancias, patrullas y gente muerta… Si mi padre hubiese salido de casa 15 minutos antes, él también se hubiese encontrado entre las víctimas…

¿Creéis que este caso hizo que mis padres cambiaran su comportamiento para conmigo? ¡No! Mi padre volvió después de unas horas acompañado de un psicoterapeuta y la ambulancia. El doctor me inyectó un tranquilizante potente y luego me llevaron al psiquiátrico. A mis padres les dijeron que me había vuelto loca…

Fuga del psiquiátrico

Una habitación hospitalaria no es el mejor lugar para una niña. Menos aún si esa habitación está en un centro psiquiátrico.

Difícil escapar: ventadas enrejadas, puertas cerradas con llave, paseos al aire libre bajo vigilancia, control durante todo el día ejercido por las enfermeras.

Además de un gran número de medicamentos que me inyectaban cada día. Éstos me volvían desganada, me debilitaban, me hacían incapaz de concentrarme en algo…

¿Mis padres? Ellos me traicionaron, me abandonaron, me borraron de sus vidas… Tenía miedo y me sentía sola. Estaba asustada.

Un día sentí que había alguien junto a mí, un ayudante invisible. Me ayuda, me presta apoyo, me infunde fuerzas. Esta fe creció y en un determinado momento comprendí que esta persona o espíritu quiere que yo me escape. Escogí el momento y me decidí.

No se como lo logré. Todo paso como cubierta por una niebla. Pero todo el tiempo sentía el apoyo de alguien. ¿De quién? ¿Un espíritu? ¿Por qué me ayuda? Desconocía las respuestas, pero sentía que me deseaban el bien y que en algún lugar alguien me esperaba. ¿Dónde? 

Encuentro en el bosque

Tres días con sus noches caminé a donde me llevaban mis pasos. No tenía hambre ni sentía cansancio. Era como si todo el tiempo me llevara una mano invisible. Ahora comprendo que me encontraba en trance y seguía la llamada de mi Maestro.

Los edificios urbanos fueron seguidos por los rurales, luego un camino de tierra que me llevaba al mismo corazón del bosque. Al tercer día llegué a un claro donde encontré un pequeño asentamiento, como un campamento. A mi encuentro salió gente de ojos límpidos y que irradiaban calor y bondad. Me sentía aliviada y bien, como si estuviera en el paraíso rodeada de santos y ángeles.

Se me acercó una familia compuesta por los padres y dos chicos de unos seis años. La mujer extendió su mano y dijo que hacía mucho tiempo que me esperaban. Fue algo singular, pero de inmediato sentí que me encontraba en mi lugar. Me dieron de comer, me dieron ropa para cambiarme y me anunciaron que pronto me encontraría con el Chamán Blanco.

Resultó que yo había llegado a un lugar especial, un lugar místico, un lugar al que a una persona común le es imposible acceder. ¿Por qué? Porque no encontraría el camino.

Sólo las personas elegidas, de corazón puro y una misión especial son capaces de ver las señales ocultas que indican el camino.

Cuando me encontré con el Chamán Blanco entendí que era su energía la que yo había sentido todo ese tiempo en el psiquiátrico. Fue él quien me ayudo a llegar hasta aquí a través de un tupido bosque.

Cierto que yo estaba confusa e incómoda, pero el Chamán Blanco me dijo que ahora esa era mi casa. Luego dijo que me ayudaría a descubrir todos mis superpoderes, tras lo cual debería volver al mundo a cumplir con mi misión en la salvación de las mujeres en la Tierra.

Es el Chamán Blanco quien me dio mi nombre: Shakuntali Siberia, que significa Paloma de la Libertad. Paso mucho tiempo antes de que yo entendiera lo apropiado del nombre que se me dio. Realmente me siento libre como un pájaro. Libre de estereotipos inculcados por normas sociales. Este nuevo nombre fue el principio de una nueva vida.

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Enseñanzas del Chamán Blanco

7 años viví en este asentamiento del bosque aprendiendo con el Chamán y ampliando los alcances de mis capacidades. Aprendí a hablar con los árboles, a entender el lenguaje de los espíritus. Entendí quien realmente había sido el zorro de mi infancia: mi animal totémico, defensor y protector ante los espíritus malignos.

Entonces yo ya sentía que en nuestro planeta Tierra había un lugar que debía visitar sin falta. Me llamaba, en sueños siempre surgía la imagen de los montes de Altai. Le dije al Chamán Blanco en varias ocasiones que quería ir a ese lugar. El respondía que aún no era el momento y que ya me diría él cuando estuviera preparada.

Cuando cumplí 19 años, el maestro me dijo que había terminado mi preparación. Lógicamente, le pregunté si estaba preparada para ir al Altai y él respondió que sí. Pero la hora no había llegado aún, primero tenía que volver al mundo de la gente, porque mi misión es ayudar a todos los necesitados y salvar la Tierra.

Me dijo que las mujeres me esperaban en todo el mundo, en todos los continentes. Yo estaba a dos pasos de anhelado objetivo, siendo que el Altai está muchísimo más cerca de Siberia que, digamos, Latino América. ¿Por qué tengo que ir a otro continente?

Sin poder contener mi desilusión le dije al Maestro: “El tiempo pasa y yo envejeceré antes de que Ud. me de la bendición para este viaje”.

Él me sonrió y luego con seriedad, mirándome a los ojos, me dijo que yo nunca envejeceré y que moriré en el momento que yo lo desee.

Después me entregó un cristal mágico y me pidió que siempre lo lleve conmigo. Luego me manifestó otra peculiar condición: no debo decir nunca a nadie cual es mi verdadera edad.

El secreto de la eterna juventud

Han pasado varios años. Yo me sumergí en un maravilloso mundo: viajes, seminarios, encuentros individuales y consultas. En todo lugar me he encontrado con mujeres a quienes he ayudado. No me he dado cuenta que he estado en 32 países y en todos los continentes del planeta. Incluso en Altai, mi sueño dorado, del cual hablaré en otro artículo.

Tengo un calendario muy denso, viajo mucho por aire y tierra, converso con la gente y celebró seminarios, muchas veces duermo 2-3 horas, pero este ritmo no se refleja en absoluto mi estado y en mi persona.

Sobre las singulares capacidades de Shakuntali Siberia sabe todo el mundo, pero los científicos se interesan sobre todo en el secreto de mi juventud. Muchas veces me han invitado a observaciones, pero he aceptado una única vez, de lo cual me arrepiento.

Los científicos han establecido que mi envejecimiento biológico se ha detenido a los 19 años (yo se que este es un regalo del Maestro), mientras que el nivel de mis capacidades es imposible medirlo con aparatos. Durante la investigación me sentí mal, como si me robaran mi energía. Detuve todas las pruebas y me fui. Desde entonces me niego a cualquier colaboración con los científicos, con precaución reacciono a las cámaras de programas de televisión.

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Portar el amor y la felicidad

Gracias a las enseñanzas del Chamán Blanco y los años pasados en el asentamiento ecológico he aprendido a entender a los espíritus; he visto que la causa de todas las enfermedades son los espíritus malignos instalados en el aura de la persona. Los mismos “escarabajos” que ya sabía percibir en la infancia. Por eso ahora curo a las personas que incluso la medicina ha abandonado, porque los médicos tratan sólo las consecuencias y no las causas de las enfermedades. A ellos no les preocupa el lado energético-espiritual.

Yo purifico el aura de la gente, expulso a los espíritus malignos, devuelvo a mis discípulos la salud y la alegría.

Además, he descubierto el idioma común con el espíritu de las riquezas. Se puede decir incluso que somos muy buenos amigos; él cumple cualquiera de mis peticiones, incluso si no los pido para mi sino para los demás. A Shakuntali Siberia acude con frecuencia gente que tiene problemas económicos o dificultades en la carrera profesional. Yo pido al espíritu de la riqueza que les ayude y él nunca se niega. Por eso entre mis discípulos hay muchas personas exitosas, pudientes, que han logrado realizarse profesionalmente y en sus negocios.

Muchas mujeres me piden que les ayude a encontrar a su otra mitad, a construir unas relaciones armoniosas. Con frecuencia buscamos una pareja para llenar el vacío interior, por eso constantemente exigimos algo de la persona cercana, causa de los conflictos y las discusiones. Para evitar estas situaciones es necesario adquirir la integridad interior.

Yo enseño a las mujeres con ayuda de ejercicios especiales y técnicas chamánicas de fusión con la naturaleza y los elementos.

Esto ayuda a alcanzar un estado armonioso, sentirse autosuficiente, segura. Estas mujeres empiezan a conseguirlo todo tanto en el trabajo como en sus relaciones. Alcanzan la armonía con sus parejas, establecen con ellas relaciones igualitarias. Él se convierte en sustento y apoyo de ella.

Con frecuencia me preguntan: “¿Shakuntali Siberia, si su misión es ayudar a las mujeres, por qué sus seminarios y consultas individuales son de pago?” Estas preguntas nunca me ofenden y respondo con sinceridad: “Gracias a ese apoyo yo puedo prestar ayudar no sólo energéticamente sino también material”.

Todo el dinero de mis seminarios se destina a la construcción de albergues para los sin techo; hace poco llevamos a cabo un proyecto en México para la gente que sufrió durante el terremoto. Ayudamos a los huérfanos y las víctimas de la violencia doméstica, desarrollamos iniciativas ecológicas de protección de la naturaleza y de los animales.

Os invito a unirse a nuestros proyectos de voluntariado. Incluso si no tenéis esa posibilidad también puedes hacer buenas acciones cada día. No importa donde viváis no cuales son vuestros ingresos.

Cada persona siempre puede ayudar a alguien: el vecino, un sin techo, un gato. ¡Lo principal es el amor en el corazón y el deseo de cambiar este mundo a mejor!

Cuanto más amor haya en el mundo tanto menos serán las guerras, las catástrofes, las enfermedades y la pobreza. ¡Salvemos nuestro planeta juntos! ¡Acudid a mis sesiones y seminarios para rodearse de personas de ideas afines! ¡Os espero!

Habéis recibido nuevos conocimientos y os toca ser rayos de luz para nuevas personas. Compartid con ellos este artículo, acudid juntos a nuestros retiros y sesiones. ¡Ayudad a la gente y Dios os ayudará!

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